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Aspectos psicológicos
 

Autor : Marcelino Matas de Álvaro .
Psicólogo y Logopeda. Tartamudo. Maestro de Audición y Lenguaje del C.P. de Moreda de Aller, Asturias. Miembro del GATA.

INTRODUCCIÓN: ¡PALABRA! MI CARCELERA

    En Noviembre de 1986, recién licenciado en Psicología y cuando aún era estudiante de Logopedia, asistí a un Simposio sobre Tartamudez organizado por la Universidad Pontificia de Salamanca. Entre los ponentes se encontraba Concepción Ruiz Carpio, que en el programa del Simposio se presentaba como logopeda y disfémica. Mi interés por escucharla era máximo, pues me identificaba con ella doblemente, primero por ser tartamudo y después por logopeda, profesión en la que yo estaba empezando a formarme. Pero nada más empezar a hablar, me sentí no sólo defraudado, sino casi estafado, porque, ¡oh, sorpresa!, aquella conferenciante que se anunciaba como tartamuda, estaba leyendo su ponencia con perfecta fluidez. "¡Se habrá curado!", pensé mientras una luz de esperanza se iba apoderando de mí. Si ella había superado su tartamudez hasta el punto de poder hablar ante un auditorio sin tartamudear nada, entonces mi problema tenía solución y yo también, algún día, podría dar conferencias y hasta presentar el telediario. Pero, ¡oh!, de nuevo sorpresa. Cuando la conferenciante-fluída dejó de leer su ponencia y, en el coloquio con el auditorio, fue preguntada por el público, surgió, como un dolor agazapado, la conferenciante-tartamuda. Se trataba de una tartamudez muy severa, en la cual apenas era capaz de producir una palabra fluída, y además acompañada de movimientos faciales, gestos, tics, etc. Entonces, un tartamudo como yo sintió toda la empatía del sufrimiento que seguramente ella estaba sintiendo, pero a la vez me emocionó el orgullo personal y la valentía de esa persona por presentarse en un auditorio como tartamuda y, sin pudor, tartamudear a sus anchas.

     En esa conferencia, más que en los libros sobre tartamudez y en las disertaciones más o menos sesudas del resto de conferenciantes, aprendí algunas de las claves más importantes para entender y afrontar este complejo problema. La primera, aunque ya la sabía por experiencia propia, era la variabilidad en la manifestación de los síntomas, no sólo entre personas tartamudas, sino en una misma persona. Que uno pudiera ser perfectamente fluido mientras leía, y padecer severos bloqueos en el lenguaje espontáneo, era justo lo contrario de lo que me sucedía a mí (tartamudeo más leyendo que en lenguaje oral), aunque en mi caso era aún peor, porque en público yo no podría leer ni una palabra sin tartamudear, pero tampoco sin el apoyo de la lectura podría conseguir "enmascarar" mis disfluencias.

     Otra clave para afrontar el problema era el valor que había tenido Concepción para salir a hablar en público siendo tartamuda. Es lo que ahora calificamos desde los Grupos de Autoayuda como "salir del armario". Entonces sólo lo entendía como coraje personal ante el problema, ahora lo concibo como una condición imprescindible para ir ganando la batalla a las disfluencias.

     En fin, antes de pasar a hacer un repaso de los aspectos psicológicos de la tartamudez, me permito transcribir aquí un poema con el que Concepción Ruiz inició su conferencia y que en solo nueve versos concentra el sufrimiento del tartamudo y su grito desesperado de libertad.

 

"Me desencajas el rostro
atenazas mi garganta,
¡palabra!, mi carcelera.
Da libertad a mi voz,
abre la cárcel que la aprisiona.
Deja que mi voz se exprese
sin ataduras y en calma.
Deja que salga a la luz
y que conozcan mi entraña."