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¿Cómo afrontar la tartamudez en el aula?

En la educación del alumnado que tartamudea hay que tener presente cinco aspectos de especial relevancia.

1.- ¿Cómo hacemos las preguntas?

En clase se dan muchas situaciones en las que el profesorado tiene que preguntar a los alumnos. Esto es normal y a menudo no podemos ni debemos evitarlo, pero hay que tener en cuenta que al hacerle una pregunta al niño/a que tartamudea, lógicamente le estamos exigiendo una respuesta, y eso se puede convertir en una presión sobre su habla que aumente la posibilidadde tener disfluencias. Entonces, ¿qué podemos hacer?

    • Suprimir las preguntas innecesarias: A veces preguntamos por inercia, sin pretender realmente obtener una información relevante. Por ejemplo, “¿Qué hiciste en el recreo?” “¿Qué desayunaste?” “¿Con quién viniste a la escuela?”....
    • Hacer preguntas cuya respuesta sea corta: Una pregunta que requiere sólo responder “Sí” o “No”,“Bien” o “Mal”, es más fácil de contestar que la que exige una explicación, donde a veces la incertidumbre de la respuesta puede dar problemas en el habla.
    • Procurar que, si se van a hacer preguntas a cada niño o niña de la clase, el alumno/a que tartamudea sea de los primeros en contestar, ya que, en caso contrario, la tensión y la preocupación aumentarían mientras esperara su turno.
    • Indicar a todos el alumnado de la clase que tendrán tanto tiempo para contestar como necesiten.
    • Usar estrategias para obtener la información que queramos de forma indirecta, es decir, dejando al niño/a que tartamudea la decisión de contarnos algo o no. Por ejemplo, en vez de preguntarle directamente: “¿Qué hiciste el fin de semana?”, se le puede decir: “Ayer hizo un día muy bueno, seguro que no te quedaste en casa”.

 

2.- ¿Cómo realizamos la actividad de la lectura?

Como sabemos, la tartamudez es muy variable de unas personas a otras. Así, hay niños/as que tartamudean más cuando leen y otros que son completamente fluidos. Para cada caso hay que utilizar dos tipos de estrategias diferentes:

  • En el caso de que nuestro alumno/a tartamudee más cuando lee en voz alta que cuando se expresa a través del lenguaje oral espontáneo, procuraremos crear situaciones en las que la lectura no se convierta para él en un momento de preocupación y, por tanto, de estrés comunicativo. Por ejemplo, podemos permitir que todos los niños/as puedan leer muy despacio, en susurro, entonando marcadamente o en parejas, pues en esas situaciones es más fácil que disminuyan las disfluencias. También podemos hacer que los alumnos/as vengan por turnos a leer en voz baja a la mesa del maestro/a. Algunos niños/as que tartamudean cogerán así confianza con la lectura y tal vez más adelante podrán enfrentarse a una lectura en voz alta delante de toda la clase.
  • En el caso de que el alumno/a que tartamudea se exprese de una manera más fluida cuando lee en voz alta, procuraremos favorecer las situaciones de lectura para reforzar esos momentos de fluidez. Por ejemplo, podemos dedicar todos los días un tiempo de lectura en voz alta con todo el alumnado, contribuyendo así a aumentar los períodos de fluidez en el niño/a que tartamudea. También podemos hacer que los alumnos/as escriban respuestas a tareas, hagan redacciones, inventen cuentos o expliquen por escrito cualquier cosa que luego tengan que leer en voz alta.

 

3.- ¿Cómo nos enfrentamos a las burlas?

Las burlas, tan habituales entre los niños/as, pueden ser muy dolorosas para el alumnado que tartamudea y, por tanto, deben ser eliminadas inmediatamente. Si los compañeros/as se burlan, hay que tomar dos medidas:

  • Hay que hablar con él o ella a solas y hacerle ver que muchos niños/as reciben burlas por diversos motivos: ser gorditos/as, llevar gafas, ser más torpes en el patio, e incluso por estudiar mucho o ser demasiado inteligentes. Hay que decirle que no se lo tome demasiado en serio y que la mejor manera de que le dejen tranquilo/a es no hacer caso.
  • Hay que hablar uno a uno con los chicos/as que se burlan para advertirles, con seriedad pero sin castigarles ni reprenderles, que ese compañero/a tiene dificultades para hablar. Que si le insultan todavía le será más difícil hablar, y que si se le escucha y se le ofrece amistad le podemos ayudar mucho. Hay que hacerles saber que contamos con su colaboración para ayudar a cualquier compañero/a. Es importante que no se castigue a ningún niño/a, ni individualmente ni de forma colectiva, por haber insultado al chico/a que tartamudea. Esto puede volverse en su contra.

 

4.- ¿Cómo abordamos las reacciones emocionales del niño/a?

Como hemos visto, la tartamudez no es sólo un problema de habla, pues, aparte de afectar a su forma de comunicarse, puede determinar las relaciones que establece con los demás y el concepto que la persona tiene sobre sí misma. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de las ocasiones el alumnado que tartamudea sufre mucho por ello, lo cual no viene sólo motivado por el grado de severidad del problema, sino por la percepción que el niño/a tenga de sus dificultades para comunicarse con los demás. Así, hay niños/as que sufren mucho a pesar de tener mínimas disfluencias, y, sin embargo, otros/as con un grado de tartamudez más severo manifiestan menos preocupación por el problema. Esto se puede deber a diferentes formas de personalidad que influyen en la actitud para enfrentarse a las dificultades, pero, sin duda, también a la importancia del medio que los rodea (familia, escuela, amistades) para minimizar las consecuencias negativas.

Por ello debemos estar muy atentos a las posibles reacciones emocionales del alumnado que tartamudea. En estos momentos el profesorado deben hablar abiertamente de la tartamudez con un lenguaje apropiado que el niño/a acepte. A menudo no manifiesta claramente los sentimientos que pueda tener de frustración, vergüenza, miedo, culpa, etcétera, pero de manera indirecta nos está diciendo que le fastidia lo que le pasa y sufre por ello. Por ejemplo, un niño/a da una patada de enfado en el suelo porque no le sale una palabra, y entonces el maestro/a puede decirle: “Esa es una palabra difícil para ti, por eso te enfadas, claro, yo también me enfado cuando tengo problemas para decir una palabra”.

Con niños/as mayores el profesorado debe conocer las actitudes del niño/a hacia la comunicación: sus creencias, sus expectativas, sus miedos, sus emociones, sus esfuerzos por hablar bien. Todo ello debe ser tratado en un clima de confianza y aceptación de su forma de habla. Si el niño/a ha experimentado anteriormente un contexto de apoyo (por ejemplo en la familia), será más fácil establecer una relación personal con el alumno/a en este sentido, pero si el niño/a ha desarrollado comportamientos como evitar la comunicación y ocultar la tartamudez, puede ser más difícil con él en un primer momento compartir el problema.

De todas formas, no hay que olvidar que la intención del profesorado debe ser firme: el alumnado tartamudo necesita compartir las dificultades derivadas de la tartamudez, pues ello contribuirá a desarrollar una actitud más favorable ante la comunicación, a experimentar una mejora de las emociones positivas y, en definitiva, a potenciar su autoestima.

 

5.- ¿Cómo desarrollar un Plan de Participación Hablada en el Aula?

En coordinación con el maestro/a de Audición y Lenguaje, se puede llevar a cabo un Plan de Participación Hablada en el Aula.

En primer lugar se deben analizar con detalle los segmentos de actividad en el aula, pues hay muchas ocasiones, aparte de los turnos de lectura o exposiciones orales, en las que el alumno/a puede participar: sesiones de preguntas y respuestas, discusiones, corrección de tareas, trabajo en grupo, concursos o juegos didácticos, tutoría individual, etc.

Algunas sugerencias, que tienen que ver también con las expuestas anteriormente en los apartados referidos a las preguntas y a la lectura, para desarrollar el Plan pueden ser las siguientes:

  • Darle forma de contrato (ver en al apartado de recursos el Contrato de participación en clase).
  • Empezar por reducir las demandas sobre el habla no espontánea (dirigidas por el profesorado) limitando la participación.
  • Pasar a interacciones públicas facilitadas con el maestro/a en trabajo de pupitre o corrección de tareas.
  • Hacer participar a los alumnos/as leyendo por parejas.
  • Permitir leer despacio, en susurro, para que el alumno/a se integre en una actividad común.
  • Planear el tipo de preguntas (“sí” o “no”, de elección).
  • Establecer reglas para toda la clase.
  • Dar ocasión de levantarse para preguntar personalmente al profesorado.
El objetivo del maestro/a del alumno que tartamudea es que el niño/a esté cómodo en el aula y que no sufra por su tartamudez. No debemos pretender únicamente que el alumno hable con fluidez, sino que acepte convivir con su forma de habla. Estamos aplicando un programa gradual de intervención en el aula que contribuya a crear las condiciones óptimas para que el alumno tartamudo se comunique y mejore su aceptación. De este sentimiento surgirá una mayor participación del alumno en el aula.

 

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