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3.- ALGUNAS PREGUNTAS HABITUALES

A continuación, una vez creado un marco para interpretar la tartamudez, vamos a formular cuatro preguntas que os pueden ayudar a comprenderla mejor: ¿Cuántas personas tartamudas hay? ¿Dejará de tartamudear vuestro alumno o alumna?, ¿Por qué tartamudea? ¿Por qué unas veces tartamudea y otras no?.
 

¿Cuántas personas tartamudas hay?

 
De cada 100 habitantes, 4 ó 5 han tartamudeado alguna vez en su vida y, de éstos, uno continúa haciéndolo en la edad adulta. En España, según estudios recientes, se puede estimar que hay unas 400 000 personas tartamudas y más de un millón de personas que tartamudearon cuando aprendieron a hablar y después dejaron de hacerlo.

¿Dejará de tartamudear vuestro alumno/a?

No lo sabemos. Sabemos que podemos ayudarle pero incluso con las mejores ayudas no aseguramos que vaya a dejar de tartamudear. En la tartamudez hay factores biológicos que en algunos casos son determinantes y pueden explicar que unos niños/as se recuperen (la mayoría) y otros no. También influyen factores psicológicos y sociales. Lo importante es que aunque vuestro alumno/a vaya a ser una persona que tartamudea eso no debe impedir su desarrollo integral.

Muchas personas han sido tartamudas y han logrado desarrollarse sin dejar que la tartamudez arruine sus vidas: políticos como Churchill, actores como Javivi y M. Monroe, escritoras, como Ana María Matute, deportistas, cantantes, periodistas,… Otras, no debemos olvidarlo, han encontrado en la tartamudez una dificultad ante la que han sacrificado muchos proyectos personales. Esto último sí que podemos evitarlo.

La tartamudez es un problema en sí mismo, al igual que pueden serlo la miopía o el asma, pero lo principal es dignificar la tartamudez para que las connotaciones sociales negativas que puede llegar a provocar se minimicen.

 

 

¿Por qué tartamudea vuestro alumno/a?

Pongamos una metáfora. La tartamudez es una herida. No sabemos cómo se ha producido pero con independencia de la causa sabemos que echarle sal a la herida es inapropiado y sabemos que limpiarla y echarle agua oxigenada es bueno y saludable.

Con la tartamudez ocurre algo similar. No sabemos la causa pero sabemos cómo puede mejorar con ayuda de los interlocutores que rodean al niño/a.

 

Ahora bien, la herida nunca se produce por echar sal sobre la piel. La herida es anterior a la sal. Puede quedar abierta, mal curada y dañar todo el organismo o puede cicatrizar y quedar representada por una marca visible que no reporta ningún perjuicio para el que la lleva.

A pesar de la investigación desarrollada no conocemos la causa de la tartamudez. Seguramente inciden factores biológicos, psicológicos y sociales pero no sabemos muy bien en qué medida. Los últimos estudios apuntan a una mayor influencia del componente biológico (diferencias estructurales en el cerebro, factores genéticos,…). Lo que sí sabemos es que no vamos a echar sal a la tartamudez.

 

¿Son los padres y/o las madres los causantes de la tartamudez de vuestro alumno/a?

Muchos padres y/o madres piensan que su comportamiento perjudica al niño/a porque creen que reaccionan mal ante la tartamudez. Esto les hace experimentar un sentimiento de culpa.

Sin embargo, hoy sabemos que el comportamiento de la familia no puede explicar por sí solo la tartamudez. La tartamudez es anterior a las reacciones de los padres y las madres. Ellos no causan la tartamudez, pero en su mano está ayudar al niño/a, lograr que su vida no gire en torno a ella

 

 

¿Por qué unas veces tartamudea y otras no?

Esto se lo preguntan las personas adultas que tartamudean, las familias afectadas, el profesorado y, por supuesto, el alumnado con tartamudez en cuanto toman conciencia de su dificultad. Los profesionales respondemos a esta cuestión con orientaciones en uno u otro sentido pero, en realidad, tenemos que reconocer que no se conoce la causa de esta variabilidad. Por ejemplo se suele atribuir la tartamudez al nerviosismo pero con frecuencia la tartamudez se da en situaciones de tranquilidad sin nerviosismo alguno. Vosotros mismos lo habréis observado en vuestro alumno o alumna.

La variabilidad de la tartamudez tendría que ver más con el llamado estrés comunicativo, es decir, con una especial sensibilidad hacia las diferentes situaciones comunicativas.

Sin embargo esta pregunta por la variabilidad es importante para vuestra actuación, pues nos anima a descubrir los factores que acompañan los momentos de tartamudez y a modificarlos. Esta pregunta, en un contexto de aceptación y apoyo, nos proporciona una herramienta muy práctica para conocer la tartamudez y actuar sobre ella.

Observando a vuestro alumno o alumna podréis completar estas dos frases:

  • TARTAMUDEA MÁS CUANDO...
  • TARTAMUDEA MENOS O NO TARTAMUDEA CUANDO...
Os vamos a ofrecer a continuación una orientaciones útiles para compartir la tartamudez con vuestro alumno/a y para crear en el aula un clima de confianza que resulte efectivo para lograr que se desarrolle plenamente, aunque vaya a tartamudear. Son un conjunto de pautas que sería recomendable integrar en vuestra rutina diaria. No todas serán adecuadas para vosotros, por lo que sería interesante que las revisaseis con ayuda del logopeda y las adaptaseis a vuestro caso.

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