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2. LA FAMILIA ANTE LA TARTAMUDEZ DE SUS HIJOS/AS

Las familias de niños o niñas que tartamudean con frecuencia no saben qué hacer, no saben si sus comportamientos son los más adecuados para ayudar y se sienten un poco perdidas ante la tartamudez

Es una experiencia común a muchos padres y es normal que sea así porque la tartamudez, tras su aparente simplicidad, resulta engañosa y compleja. Algún autor experto en el tema llegó a decir que era “un puzzle al que todavía le faltaban muchas piezas”.

 

 

Y es que a cualquiera que se acerque a este problema se le ocurren preguntas que no tienen respuesta porque hay muchos aspectos fundamentales de la tartamudez que todavía se desconocen

¿Por qué tartamudea vuestro hijo/a? ¿Por qué unas veces tartamudea y otras no? ¿Dejará de tartamudear? Son algunas preguntas a las que nos tenemos que acercar con pocas certezas. Cuando no se conoce un tema surgen muchas explicaciones posibles, hipótesis, creencias... pero algunas no son fiables. Vamos a tratar de comprender con este documento un poco mejor la tartamudez y, sobre todo, vamos a intentar de ofreceros una forma de actuar ante ella. Situaremos la tartamudez en un marco amplio de actuación considerando tres protagonistas:

Vuestro hijo

Vosotros

Otros interlocutores del niño

El análisis de las reacciones ante la tartamudez puede servirnos para encontrar la mejor forma de ayudarle.

En primer lugar nos ocuparemos de las reacciones del niño/a. De todas las reacciones ante la tartamudez, las de vuestro hijo/a son las más importantes y por eso os animamos a observarle con detenimiento.

Su forma de reaccionar va a depender, en parte, no totalmente, de la vuestra. Es decir, él aprende a reaccionar ante la tartamudez observando vuestras actuaciones, pero al mismo tiempo tiene una manera de ser determinada. Todas las personas tenemos un temperamento que explica nuestras reacciones y vuestro hijo/a también. ¿Cómo vive la tartamudez? ¿Qué piensa de la tartamudez? ¿Cómo reacciona ante ella?... Haced un esfuerzo para descubrir esto.

Generalmente, los niños no darán su opinión con palabras, a veces no tienen nuestra conciencia del problema ni nuestros recursos para expresar opiniones y sentimientos.

En ocasiones, nos envían señales que van incorporando a su comportamiento, y que muchas veces pueden pasar desapercibidas. Así, va tomando conciencia de su tartamudez sin que nos demos cuenta. Evita hablar, oculta su dificultad, siente vergüenza, aprieta más los labios, tiene miedo a hablar... Tenéis que tratar de poner palabras a ese mensaje silencioso que el niño va enviando día tras día. Hacedlo. Podría ser algo así:

  • “Me cuesta hablar”
  • “Esta forma de hablar no gusta a nadie, ni a mamá, ni a papá”,
  • “Mis compañeros se ríen de mi forma de hablar y por eso en clase no hablo casi nunca”,
  • “¿Por qué se fijan en cómo lo digo y no en lo que digo?”
  • “A mí no me gusta tartamudear y a veces mi familia piensa que lo hago a posta”

Podéis intentar escribir pensamientos y sentimientos de vuestro hijo/a, pero despegándolos de vuestras reacciones y pensamientos. Tratad de conocerle y llegar a su mundo de niño/a. Si hacéis esto ya conseguimos algo: que atendáis a la tartamudez y al niño. Muchas veces se olvida que tras la tartamudez también hay una persona que carga con ella.

 

¿Le preocupa a vuestro hijo/a la tartamudez?, ¿está empezando a preocuparle?Tened en cuenta que la tartamudez es sólo una característica entre varias. La persona es más que su tartamudez y si ésta le preocupa entonces todo en su vida empezará a girar, como una noria, en torno a ella. Cuando alguien está preocupado por un problema lo que necesita es compartirlo con alguien y sentir aceptación y apoyo.

Es vuestro primer trabajo: compartir para aceptar y apoyar a vuestro hijo/a.

Por ejemplo, podemos observar la queja de un niño de 10 años porque su padre está siempre pendiente de si tartamudea o no. El niño decía: “incluso cuando vamos a jugar a la bolera él está más pendiente de si yo tartamudeo o no que del juego, está siempre elaborando teorías sobre por qué unas veces tartamudeo y otras no…” La tartamudez en este caso se ha convertido en el centro de la relación padre-hijo. No es sólo un problema de habla, es un problema de relación que debe salir a la superficie, es decir, debe ser compartido en una conversación sincera y confiada.

En segundo lugar abordaremos vuestro protagonismo como padres y o madres. Primeramente, para aceptar y apoyar a vuestro hijo/a os podéis encontrar con un problema: las ideas y sentimientos que tengáis sobre la tartamudez. Deberíais hacer un esfuerzo para dialogar sobre ello en un clima familiar de confianza. En esa tarea puede ayudaros un/a profesional especializado/a en tartamudez o entrar en contacto con otras familias que hayan tenido o tengan una experiencia similar.

Solemos tener ideas equivocadas sobre la tartamudez. Así, disponer de una información correcta es un puntobásico para avanzar, ya que lo que hacemos está muy relacionado con lo que pensamos y sentimos.

Hasta aquí hemos revisado vuestras reacciones y las del niño/a. Ahora, en tercer lugar, nos ocuparemos de un aspecto muy importante para entender la tartamudez: las reacciones de los otros.

 

¿Sabéis por qué normalmente preocupa tanto a los padres y las madres la tartamudez de sus hijos/as? Porque la sociedad tiene una imagen muy ridícula y negativa de este problema de comunicación. Chistes sobre la tartamudez, los humoristas imitando bloqueos y repeticiones para cosechar risas, los actores representando una y otra vez papeles de tartamudos que son medio estúpidos… Es necesario cambiar esta imagen negativa porque, en definitiva, afecta a toda la sociedad.

Lo relevante de una dificultad, a menudo, no es la dificultad en sí misma, sino los sentimientos de inferioridad que genera por las reacciones de otras personas ante la diferencia. Vosotros/as reaccionáis ante la tartamudez en familia, pero el resto de interlocutores también reaccionan y este hecho puede influir en nuestra visión de la tartamudez..

Por lo tanto, podemos pensar en las reacciones externas y en vuestras reacciones ante las reacciones del entorno. Para empezar es bueno ponerles nombres a “esos otros”: la chica del quiosco, el frutero, la madre del amigo, el vecino de arriba, aquel conocido, la tía Soledad o el abuelo José... Todas las personas reaccionan. La tartamudez no deja a nadie indiferente.

Las reacciones del entorno molestan, especialmente algunas. En realidad la forma de reaccionar del entorno suele preocupar a la familia tanto como la forma de hablar del niño/a. A algunas familias les duele profundamente porque les lleva a pensar que su hijo/a va a sufrir en la vida. Les gustaría suprimir de un plumazo la tartamudez y el sufrimiento del niño, pero esto a menudo no puede ser, y por eso se sienten impotentes por no poder ayudarle. Así, Se quedan solos con su preocupación cada vez que aparece la tartamudez ante los demás. La tartamudez tiende a aislar a quien la padece y a veces también a los familiares que le rodean. Pueden darse situaciones difíciles, pero la familia no debe avergonzarse nunca de los momentos de tartamudez de su hijo/a.

En suma, el entorno también forma parte del problema. La tartamudez entonces está en la boca de vuestro hijo/a, pero está también en vuestra mente y la compartís con todos/as los que le escuchan hablar. ¿Por qué? Porque todos reaccionan ante la tartamudez y esas reacciones son el andamio con el que se construye el gran edificio de la tartamudez.

Hasta aquí hemos intentado crear un marco para entender la tartamudez de vuestro hijo como un problema compartido por todos/as.

Las reacciones ante la tartamudez no lo son todo (sólo un andamio en la construcción de un edificio), pero sí representan el componente que nos implica directamente en el problema y por ello debemos cuidarlo si queremos ayudar. Por lo tanto, vuestras reacciones y las del entorno no son la causa de la tartamudez, pero son el aspecto al que debéis atender para ayudar a vuestro hijo o hija.

 

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