Contenidos > 2. Intervención > Introducción

INTRODUCCIÓN

El objetivo de la intervención es establecer el equilibrio entre capacidades y demandas. Según Rodríguez Morejón (2003), siguiendo la teoría de Starkweather, “cada niño tiene una determinada capacidad para hablar fluidamente, que es el resultado de una serie de factores constitucionales y de desarrollo. Esta habilidad puede ser suficiente o insuficiente, dependiendo de las demandas a las que el niño tenga que irse enfrentando. Las demandas pueden proceder de varias fuentes: de su propio desarrollo o del ambiente”. Así, la intervención deberá “fomentar el desarrollo de las capacidades y disminuir la presión de las demandas”.

A partir de los datos de la evaluación, se diseñará el tipo de tratamiento más acorde. Por tanto, hay que tener muy clara la diferenciación diagnóstica entre:

  • Disfluencias típicas (consideradas normales).
  • Tartamudez límite sin problemas asociados.
  • Tartamudez temprana o establecida con factores de riesgo para la cronificación.

Para cada tipo de diagnóstico se establecerá una intervención diferente, de modo que el problema, tan debatido en los manuales sobre tartamudez, no es si hay que intervenir o no en cuanto se detectan problemas de fluidez en el habla del niño, sino cuál debe ser la modalidad de la intervención. Tampoco el dilema está en cuándo hay que empezar el tratamiento, pues la respuesta será cuanto antes. Es decir, hay que intervenir siempre e inmediatamente, sólo nos queda decidir el tipo de tratamiento a llevar a cabo.

En cualquier tratamiento por el que nos decidamos hay que tener presente siempre los siguientes aspectos básicos (adaptado de Salgado (2005), que a su vez lo toma de Conture (2001)):

  • Los alumnos y alumnas que tartamudean son primero personas y después personas que tartamudean: no sólo hay que tener en cuenta las disfluencias, sino otros aspectos importantes para el niño/a.
  • La tartamudez afecta a toda la persona: el tratamiento no debe centrarse sólo en la fluidez, sino que debe abarcar también los aspectos cognitivos, afectivos y conductuales.
  • Las personas hablan para comunicarse, no para ser fluidas: el objetivo del tratamiento debe ser la comunicación, no la fluidez, y en todo caso no una fluidez total, sino una fluidez normal, es decir, con posibles disfluencias normales.
  • El tratamiento debe estar adaptado al caso concreto del niño.
  • Las personas que rodean al niño/a (familia, profesorado, logopeda) no deben esforzarse en explicarle cómo tiene que hablar, sino que han de procurar ser buenos modelos de habla.
  • Lo más importante es que el alumnado consiga la capacidad de hablar en todas las situaciones comunicativas cotidianas.

Modalidades de tratamiento

Partiendo de los criterios diagnósticos que ya hemos visto en la Evaluación (Clasificación Evolutiva de Guitar), se decidirá el tratamiento más adecuado para cada caso:

  1. Disfluencias típicas o normales: Orientaciones preventivas a la familia.
  2. Tartamudezlímite sin complicaciones de habla, lenguaje o de conducta: Intervención sobre el entorno.
  3. Tartamudez temprana o establecida acompañada de factores de riesgo para la cronificación: Tratamiento global: modificación ambiental e intervención directa con el niño o niña.

De este esquema se desprende que siempre hay que intervenir con la familia, a veces de manera exclusiva y otras como complemento a la intervención directa con el alumnado.

A continuación pasamos a presentar con más detalle las distintas Modalidades de Tratamiento.

 

AnteriorInicioVolver a índice de contenidosSiguiente

http://www.gatastur.com